Soy de dejarlo todo para el final, un procrastinador de manual vamos, y en Navidad no iba a ser menos. Es incluso peor.
Puede que sea porque, en el fondo, estas fiestas dejaron de ser especialmente interesantes para mí hace ya años. Pero no me malinterpretéis: eso no significa que sea antinavidad.
Lo que me ocurre es más sencillo y, a la vez, más incómodo de reconocer. La Navidad se me ha ido convirtiendo poco a poco en una lista interminable de obligaciones autoimpuestas: quedar, comprar, felicitar, organizar, aparentar que todo va a una velocidad y a una alegría que muchas veces no siento. Y como buen procrastinador, cuando algo me abruma, lo pospongo. Hasta que no queda más remedio.
Curiosamente, cuando por fin llega el último momento, casi siempre descubro que no era para tanto. Que lo importante no estaba en hacerlo perfecto, ni a tiempo, ni como “se supone” que hay que hacerlo. Estaba en algo mucho más básico: estar, aunque sea tarde; decir lo que toca, aunque sea con torpeza; compartir, aunque no haya luces ni villancicos de fondo.
Quizá por eso ya no vivo la Navidad con la ilusión de antes, pero tampoco con rechazo. La vivo a mi manera. Más silenciosa, menos urgente, más real. Y sí, sigo dejando muchas cosas para el final, pero cada vez tengo más claro que lo único que no debería aplazarse nunca es lo que de verdad importa.
Todo lo demás… puede esperar. Incluso en Navidad.
Reflexión, aunque a mi no me apasiona la navidad, siempre defenderé las tradiciones y esta es una de ellas que sin duda no podemos dejar de mantener.
Haz las cosas bien.
Y si ya las haces bien… que se note.
FELIZ NOCHEBUENA a todos!!
hashtag#critica hashtag#opinion #Navidad #valores hashtag#motivacion
hashtag#profesionalidad hashtag#Reflexiones hashtag#LinkedIn
This post was not created with IA
Lo que me ocurre es más sencillo y, a la vez, más incómodo de reconocer. La Navidad se me ha ido convirtiendo poco a poco en una lista interminable de obligaciones autoimpuestas: quedar, comprar, felicitar, organizar, aparentar que todo va a una velocidad y a una alegría que muchas veces no siento. Y como buen procrastinador, cuando algo me abruma, lo pospongo. Hasta que no queda más remedio.
Curiosamente, cuando por fin llega el último momento, casi siempre descubro que no era para tanto. Que lo importante no estaba en hacerlo perfecto, ni a tiempo, ni como “se supone” que hay que hacerlo. Estaba en algo mucho más básico: estar, aunque sea tarde; decir lo que toca, aunque sea con torpeza; compartir, aunque no haya luces ni villancicos de fondo.
Quizá por eso ya no vivo la Navidad con la ilusión de antes, pero tampoco con rechazo. La vivo a mi manera. Más silenciosa, menos urgente, más real. Y sí, sigo dejando muchas cosas para el final, pero cada vez tengo más claro que lo único que no debería aplazarse nunca es lo que de verdad importa.
Todo lo demás… puede esperar. Incluso en Navidad.
Reflexión, aunque a mi no me apasiona la navidad, siempre defenderé las tradiciones y esta es una de ellas que sin duda no podemos dejar de mantener.
Haz las cosas bien.
Y si ya las haces bien… que se note.
FELIZ NOCHEBUENA a todos!!
hashtag#critica hashtag#opinion #Navidad #valores hashtag#motivacion
hashtag#profesionalidad hashtag#Reflexiones hashtag#LinkedIn
This post was not created with IA



Publicar un comentario
Gracias por tu mensaje, tras su revisión, lo publicaremos y daremos respuesta al mismo. Saludos.