Home reuniones Hay ambientes laborales que se parecen sospechosamente a una escena de Pulp Fiction
Hay ambientes laborales que se parecen sospechosamente a una escena de Pulp Fiction
Pedro Cereceda abril 10, 2026 0
Todo el mundo a la defensiva, miradas tensas, dedos en el gatillo… pero en lugar de balas, lo que vuelan son correos en copia, instrucciones ambiguas y silencios incómodos en las reuniones. Nadie quiere disparar primero, no vaya a ser que luego le pidan explicaciones. Así que se instala esa atmósfera densa donde cada decisión operativa parece un acto heroico, casi suicida, y dónde la prudencia mal entendida termina convirtiéndose en parálisis. Mientras tanto, el cliente que con una mezcla de nerviosismo y sorpresa observa la escena preguntándose en qué momento su experiencia se convirtió en una película de suspense.
Cuando el miedo a equivocarse es mayor que el deseo de hacer las cosas bien, el resultado es un espectáculo digno de alfombra roja. Nadie decide, todos consultan, algunos bloquean y otros simplemente desaparecen detrás de un “lo revisamos”. Y así, entre protocolos, jerarquías y egos mal gestionados, el único perjudicado suele ser quien menos culpa tiene…el cliente. Ese invitado invisible al que todos mencionan en los discursos, pero que rara vez se sienta en la mesa donde se toman las decisiones.
Luego está ese arte fino, muy fino y elegante de dar instrucciones sin tacto ni sentido común. Órdenes lanzadas desde la distancia, con un WhatsApp a un grupo todo en mayusculas, sin contexto, sin escuchar, sin entender la realidad del día a día. Como si dirigir personas fuera tan sencillo como pulsar un botón o levantar la voz un poco más alto. Y lo más curioso es que todavía hay quien confunde liderazgo con autoridad y colaboración con obediencia ciega, como si los empleados fueran figurantes en lugar de protagonistas del éxito colectivo.
A veces convendría recordar algo tan básico que casi da vergüenza escribirlo, tus empleados no son tus súbditos. Son tus aliados más necesarios, son quienes sostienen el negocio cuando las cosas se complican, quienes dan la cara cuando el cliente está enfadado y quienes encuentran soluciones cuando otros solo ven problemas. Tratarles como piezas reemplazables no solo es injusto, es estratégicamente torpe. Y sí, lo he dicho con toda la intención.
En fin, es viernes.
Quizá sea un buen momento para bajar las armas, respirar hondo y recordar que trabajar en equipo debería parecerse mas a una conversación que a un duelo en mitad de un restaurante.
Porque al final, en cualquier empresa ,como en cualquier buena película, lo importante no es quién tiene la pistola más grande, sino quién entiende mejor la historia.
Feliz fin de semana.
Recuerda ....Haz las putas cosas bien.
Siempre.
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Autor de la obra lo siento desconocido
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