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Tontería, temple y tolerancia
Pedro Cereceda febrero 04, 2026 0
La vida, en general, es una sucesión bastante bien organizada de pequeños acontecimientos casi siempre absurdos. El problema es que la mayoría de ellos no ocurren en momentos de ocio, ni en bares con amigos, ni un sábado por la mañana. Ocurren en el trabajo. Obviamente es el lugar donde pasamos más horas que en casa y donde, curiosamente, se espera de nosotros una combinación casi mística de profesionalidad, paciencia infinita y sonrisa educada mientras todo arde alrededor.
Ahí es donde entra en juego la regla de las 3 T: tontería, temple y tolerancia.
La tontería suele venir de serie, no hace falta fomentarla demasiado.
El temple es lo que uno va desarrollando con los años, a base de respirar hondo, contar hasta diez… o hasta veinte, según el día.
Y la tolerancia… bueno, la tolerancia es ese músculo que te dicen que hay que entrenar, pero del que nadie te avisa que también se fatiga. En este caso mi ”músculo” esta sobrecargado y ya no tolera casi nada.
En el entorno laboral, además, todo se magnifica. Cuando llegan los “eventos especiales”, cierres, picos de trabajo, cambios improvisados, urgencias de última hora, es cuando más se debe aplicar la norma de las 3T, como si fueras un monje Shaolin, pero con nómina.
Son esos momentos en los que mostrar madurez emocional, capacidad de adaptación y, sobre todo, una habilidad sobresaliente para no decir en voz alta lo que realmente estás pensando se convierte un tu mejor trabajo.
Seamos honestos, por muy equilibrado que uno sea, hay días en los que el ojillo izquierdo empieza a parpadear, y no es un tic, es una señal. Una advertencia silenciosa de que, como buen discípulo de Clint Eastwood, dentro de tu cabeza empiezan a desfilar pensamientos que no son los más recomendables, pero sí los más necesarios para que la cabeza no haga “pop”, eso que ahora llaman salud mental.
Pensamientos que no buscan conflicto, pero sí justicia poética, que no se dicen, pero se sienten tan en el aire que se podría cortar con un sable. Porque aguantar lo absurdo no te hace mejor profesional; te hace más cansado. Y confundir tolerancia con tragarlo todo es uno de los grandes errores modernos del entorno laboral.
La tolerancia no es infinita. El temple no es anestesia. Y la tontería, cuando se repite demasiado, deja de ser anecdótica para convertirse en costumbre que además de no haber entrenado demasiado, no me pagan para soportarlo .
Y ahí es donde uno decide que cuidarse también consiste en marcar límites. Incluso con ironía. Incluso con cierta incorrección política. Incluso aceptando que no todo merece comprensión eterna.
Porque, al final, ha llegado el momento y mi tolerancia tiene un límite así pues el que sea tonto que se le note.
Feliz Miércoles y lo que queda de semana.
Recuerda ....Haz las putas cosas bien.
Siempre.
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