Hoy comienzan unos días de vacaciones y me voy a tomar estos días de descanso con una reflexión que llevo tiempo rumiando, una de esas que no salen de un libro de autoayuda ni de una frase bonita en redes sociales, sino de la vida real, de las decisiones tomadas, de los errores cometidos y de las lecciones aprendidas cuando no quedaba otra opción.
Hay una cosa que entendí hace tiempo, y no en un momento cómodo precisamente, sino a base de golpes, decisiones mal tomadas y algún que otro silencio incómodo después de haberla cagado: también hay que saber perdonarse a uno mismo. Porque equivocarse es inevitable, forma parte del proceso, forma parte de crecer, y sobre todo forma parte de intentar hacer las cosas, que ya es más de lo que hace mucha gente que prefiere no moverse para no fallar.
Todos hemos tomado decisiones que con el tiempo hemos mirado de reojo pensando “esto lo podría haber hecho mejor”, todos hemos dicho cosas que no tocaban o hemos confiado en quien no debíamos, y claro que duele, claro que te remueve por dentro y claro que a veces te gustaría tener un botón para volver atrás y hacerlo diferente. Pero la realidad es bastante más simple y bastante más cruda: el pasado no se corrige, se asume, se aprende y se utiliza. Lo demás es perder energía en algo que ya no tiene arreglo.
Y aquí es donde entra esa frase que en mi casa se escuchaba más de lo que a algunos les gustaría reconocer “Don, haz las putas cosas bien”No perfecto, no impecable, no sin errores… bien. Con intención, con responsabilidad y con la cabeza alta cuando te equivocas, porque equivocarse no es el problema, el problema es no aprender, esconderse o quedarse atrapado en una versión antigua de uno mismo solo por orgullo o por miedo.
He cometido errores, como todo el mundo. Algunos pequeños, otros que han pesado más de lo que me habría gustado, pero todos han tenido algo en común: me han hecho más fuerte, más consciente y, sobre todo, más claro en lo que quiero y en lo que no. Y llega un punto en el que entiendes que castigarte eternamente no te hace mejor persona, no te hace más responsable ni más honesto; simplemente te frena. Y yo no estoy aquí para frenarme.
Así que sí, me perdono. No desde la debilidad, sino desde la responsabilidad. Me perdono porque aprendí, porque me levanté y porque sigo adelante con la determinación de hacer las cosas mejor cada día, con más cabeza, más carácter y menos ruido.
Porque lo bueno no quedó atrás.
Lo bueno todavía está por llegar.
Feliz Semana Santa para todos,especialmente los que pasamos los 50 o más.
hashtag#LinkedInEsParaPensar hashtag#senior
hashtag#work hashtag#MarcaPersonal hashtag#Reflexiones
hashtag#opinion hashtag#LinkedIn hashtag#opentowork
Todos hemos tomado decisiones que con el tiempo hemos mirado de reojo pensando “esto lo podría haber hecho mejor”, todos hemos dicho cosas que no tocaban o hemos confiado en quien no debíamos, y claro que duele, claro que te remueve por dentro y claro que a veces te gustaría tener un botón para volver atrás y hacerlo diferente. Pero la realidad es bastante más simple y bastante más cruda: el pasado no se corrige, se asume, se aprende y se utiliza. Lo demás es perder energía en algo que ya no tiene arreglo.
Y aquí es donde entra esa frase que en mi casa se escuchaba más de lo que a algunos les gustaría reconocer “Don, haz las putas cosas bien”No perfecto, no impecable, no sin errores… bien. Con intención, con responsabilidad y con la cabeza alta cuando te equivocas, porque equivocarse no es el problema, el problema es no aprender, esconderse o quedarse atrapado en una versión antigua de uno mismo solo por orgullo o por miedo.
He cometido errores, como todo el mundo. Algunos pequeños, otros que han pesado más de lo que me habría gustado, pero todos han tenido algo en común: me han hecho más fuerte, más consciente y, sobre todo, más claro en lo que quiero y en lo que no. Y llega un punto en el que entiendes que castigarte eternamente no te hace mejor persona, no te hace más responsable ni más honesto; simplemente te frena. Y yo no estoy aquí para frenarme.
Así que sí, me perdono. No desde la debilidad, sino desde la responsabilidad. Me perdono porque aprendí, porque me levanté y porque sigo adelante con la determinación de hacer las cosas mejor cada día, con más cabeza, más carácter y menos ruido.
Porque lo bueno no quedó atrás.
Lo bueno todavía está por llegar.
Feliz Semana Santa para todos,especialmente los que pasamos los 50 o más.
hashtag#LinkedInEsParaPensar hashtag#senior
hashtag#work hashtag#MarcaPersonal hashtag#Reflexiones
hashtag#opinion hashtag#LinkedIn hashtag#opentowork
This post was not created with IA



Publicar un comentario
Gracias por tu mensaje, tras su revisión, lo publicaremos y daremos respuesta al mismo. Saludos.