No ha sido una estrategia de marketing, ni un retiro espiritual, ni estaba esperando a que el algoritmo echara de menos mis sesudas reflexiones. Viendo que las ultimas veces que entre, salí despavorido tras ver recetas de cocina para seniors, ejercicios mentales para personas de mas de 50 o como hacerse millonario gracias a la IA, me costo un poco digerir el asunto, es por eso que aplique mi máxima y es que, a veces es mejor estar callado que publicar por cumplir. Este vídeo me ha dado una buena excusa y para volver a publicar que al menos mereciera la pena.
Habla de algo evidente pero quedes muy necesario recordarlo de vez en cuando, en una empresa hay dos cosas realmente importantes, el cliente y las personas que trabajan en ella. Parece sencillo, incluso para mi es básico, es la piedra angular sobre la que cualquier negocio donde tratas con clientes directos debes basar tus esfuerzos. Incluso demasiado sencillo para determinados despachos, donde a veces necesitamos presentaciones de cuarenta diapositivas, tres anglicismos por página y algún gráfico de colores para explicar lo que cualquiera que haya estado delante de un cliente aprende bastante rápido.
Estrategia, crecimiento, transformación, experiencia de cliente, cultura corporativa y bla bla bla, todos esos conceptos que quedan estupendamente en una reunión. Pero después llega el mundo real. Y en el mundo real hay una persona atendiendo a otra persona.
Lo interesante del vídeo es precisamente el ejemplo que plantea. No hace falta un master para entender el problema. Lo sorprendente es la cantidad de empresas que siguen sin comprenderlo.
Cuidado, porque esto tampoco consiste en convertir una empresa en un campamento de verano. Una empresa tiene que vender, ganar dinero, exigir resultados y tomar decisiones difíciles. Los trabajadores tenemos obligaciones, objetivos y responsabilidades. Profesionalidad no significa felicidad permanente. Pero precisamente por eso, cuidar a las personas no debería confundirse con regalar fruta los martes, poner un futbolín en una esquina o escribir valores corporativos en una pared.
Cuidar a las personas es seleccionar bien, formar mejor, escuchar, exigir con criterio, reconocer cuando corresponde y dar herramientas para hacer bien el trabajo. También es prescindir de quien no encaja cuando toca. Porque mantener a alguien permanentemente cabreado, desmotivado o desconectado tampoco es hacerle ningún favor al equipo, al cliente ni a la propia persona.
Quizá llevamos demasiado tiempo intentando construir empresas extraordinarias empezando por Excel y terminando por las personas. Y puede que el orden sea justamente el contrario. Porque los clientes no conocen nuestros organigramas, nuestros PowerPoint ni nuestros planes estratégicos. Conocen a quien les atiende.
Y esa persona, para bien o para mal, acaba siendo la empresa.
Estrategia, crecimiento, transformación, experiencia de cliente, cultura corporativa y bla bla bla, todos esos conceptos que quedan estupendamente en una reunión. Pero después llega el mundo real. Y en el mundo real hay una persona atendiendo a otra persona.
Lo interesante del vídeo es precisamente el ejemplo que plantea. No hace falta un master para entender el problema. Lo sorprendente es la cantidad de empresas que siguen sin comprenderlo.
Cuidado, porque esto tampoco consiste en convertir una empresa en un campamento de verano. Una empresa tiene que vender, ganar dinero, exigir resultados y tomar decisiones difíciles. Los trabajadores tenemos obligaciones, objetivos y responsabilidades. Profesionalidad no significa felicidad permanente. Pero precisamente por eso, cuidar a las personas no debería confundirse con regalar fruta los martes, poner un futbolín en una esquina o escribir valores corporativos en una pared.
Cuidar a las personas es seleccionar bien, formar mejor, escuchar, exigir con criterio, reconocer cuando corresponde y dar herramientas para hacer bien el trabajo. También es prescindir de quien no encaja cuando toca. Porque mantener a alguien permanentemente cabreado, desmotivado o desconectado tampoco es hacerle ningún favor al equipo, al cliente ni a la propia persona.
Quizá llevamos demasiado tiempo intentando construir empresas extraordinarias empezando por Excel y terminando por las personas. Y puede que el orden sea justamente el contrario. Porque los clientes no conocen nuestros organigramas, nuestros PowerPoint ni nuestros planes estratégicos. Conocen a quien les atiende.
Y esa persona, para bien o para mal, acaba siendo la empresa.
Feliz semana
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