Hace poco vi un vídeo que me dejó pensando mucho más de lo que imaginaba.
En él aparece un skater deslizándose sobre un bordillo larguísimo, manteniendo el equilibrio durante un recorrido tan extenso que llega un momento en el que parece imposible que continúe. Mientras lo observas, asumes que todo el mérito está ahí, en resistir, en no caer, en aguantar hasta el final. Sin embargo, cuando parece que la historia ha terminado, sucede algo inesperado. El skater se descalza y tras correr unos metros, comienzan las acrobacias hasta llegar finalmente al mar. Y fue entonces cuando entendí que aquella escena tenía mucho más que ver con nuestras vidas de lo que parecía.
Durante los primeros años de cualquier carrera profesional el objetivo consiste en avanzar. Conseguir experiencia, aprender habilidades, demostrar nuestra valía y ganar responsabilidades. Necesitamos llegar al siguiente nivel, convencidos de que en algún punto encontraremos una especie de línea de meta donde todo cobrará sentido. Sin embargo, con el tiempo descubrimos que el verdadero reto nunca fue avanzar, sino aprender a mantener el equilibrio mientras lo hacíamos.
Equilibrio cuando aparecen las primeras responsabilidades importantes, cuando las expectativas aumentan, cuando la vida personal exige atención al mismo tiempo que la profesional reclama más energía, cuando los errores pesan más y las decisiones tienen consecuencias reales. Y es ahi donde se forja la experiencia de verdad, una experiencia que no se mide por los años acumulados, sino por las veces que hemos estado a punto de caer y hemos encontrado la forma de seguir avanzando.
Por eso siempre he pensado que la diferencia entre un junior y un senior va mucho mas allá del tiempo. Un junior suele centrarse en recorrer correctamente la línea recta. Un senior, en cambio, ha aprendido a reaccionar cuando la línea desaparece. Ha pasado por suficientes cambios, problemas, éxitos y fracasos como para saber que la estabilidad no consiste en que nada se mueva, sino en ser capaz de adaptarse cuando todo cambia.
Y quizá esa sea la gran lección. Los años que dedicamos a aprender, a trabajar y a mantenernos en equilibrio no son el final del viaje. Son simplemente la preparación para las verdaderas acrobacias. Para liderar, para inspirar, para tomar decisiones complejas, para gestionar personas y para desenvolverse con naturalidad en escenarios que antes parecían imposibles. Lo que desde fuera parece talento, muchas veces no es más que el resultado de miles de días entrenando sin que nadie lo vea.
Cuando llegas al mar y miras atrás,entiendes que todo aquello que parecía una larga recta interminable era, en realidad, la escuela que te preparó para todo lo que vino después. Las mejores etapas de nuestra vida rara vez llegan cuando empezamos a caminar. Suelen llegar cuando hemos aprendido, después de muchos años, a mantener el equilibrio incluso mientras damos vueltas en el aire.
Feliz semana
Equilibrio cuando aparecen las primeras responsabilidades importantes, cuando las expectativas aumentan, cuando la vida personal exige atención al mismo tiempo que la profesional reclama más energía, cuando los errores pesan más y las decisiones tienen consecuencias reales. Y es ahi donde se forja la experiencia de verdad, una experiencia que no se mide por los años acumulados, sino por las veces que hemos estado a punto de caer y hemos encontrado la forma de seguir avanzando.
Por eso siempre he pensado que la diferencia entre un junior y un senior va mucho mas allá del tiempo. Un junior suele centrarse en recorrer correctamente la línea recta. Un senior, en cambio, ha aprendido a reaccionar cuando la línea desaparece. Ha pasado por suficientes cambios, problemas, éxitos y fracasos como para saber que la estabilidad no consiste en que nada se mueva, sino en ser capaz de adaptarse cuando todo cambia.
Y quizá esa sea la gran lección. Los años que dedicamos a aprender, a trabajar y a mantenernos en equilibrio no son el final del viaje. Son simplemente la preparación para las verdaderas acrobacias. Para liderar, para inspirar, para tomar decisiones complejas, para gestionar personas y para desenvolverse con naturalidad en escenarios que antes parecían imposibles. Lo que desde fuera parece talento, muchas veces no es más que el resultado de miles de días entrenando sin que nadie lo vea.
Cuando llegas al mar y miras atrás,entiendes que todo aquello que parecía una larga recta interminable era, en realidad, la escuela que te preparó para todo lo que vino después. Las mejores etapas de nuestra vida rara vez llegan cuando empezamos a caminar. Suelen llegar cuando hemos aprendido, después de muchos años, a mantener el equilibrio incluso mientras damos vueltas en el aire.
Feliz semana
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