Porque en todas las empresas existe un Trainspotting particular. No hacen falta drogas, pisos destartalados ni huidas imposibles. Basta una oficina, una tienda, un almacén o una sala de reuniones con el aire acondicionado a una temperatura diseñada para conservar cadáveres.
Los trepas.Poseen un talento sobrenatural para aparecer en cualquier éxito y desaparecer de cualquier fracaso. Si un proyecto funciona, ellos lo lideraron. Si fracasa, ya habían advertido que aquello no iba a salir bien. Son los únicos capaces de escribir un correo diciendo "ya lo comenté en su momento" cuando jamás comentaron absolutamente nada.
El indolente. Especialistas en la nada productiva. Llegan cansados, trabajan cansados y se marchan agotados después de haber evitado el marron con la elegancia de un torero retirándose del ruedo. Felices en reuniones, cafés, pausas estratégicas y explicaciones sobre por qué algo no puede hacerse. Lo fascinante es que siempre parecen ocupadísimos, nadie sabe exactamente en qué, pero ocupados hasta niveles dramáticos.
Y luego, Los invisibles, aparecen cuando algo falla. Los que se quedan cuando todos se van. Los que llaman al cliente, solucionan el error, cargan con el marrón y hacen el trabajo incómodo, aburrido y poco glamuroso que permite que todo siga funcionando.
Curiosamente, esos casi nunca aparecen en las fotos de los éxitos.
No suelen publicar lecciones de liderazgo. No convierten cada decisión en una epopeya empresarial. No relatan una llamada de cinco minutos como si hubieran negociado la paz mundial.Simplemente hacen su trabajo.
Y aquí llega la parte interesante.
Nos encanta criticar a los trepas. Nos desesperan los indolentes. Pero ignoramos a los invisibles con una disciplina admirable. Quizá porque reconocerlos nos obligaría a aceptar una verdad bastante incómoda y es que la mayoría de las organizaciones no se sostienen gracias a sus estrellas, a sus gurús ni a sus expertos en LinkedIn.
Se sostienen gracias a personas que hacen lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo.No necesitan premio, ni felicitación pública ni una publicación llena de aplausos.
Lo más irónico es que, después de años resolviendo problemas y manteniendo el barco a flote, acabamos definiéndolos con una frase aparentemente inocente "Es que cumple con su trabajo." Como si cumplir de verdad fuera lo normal.
Quizá deberíamos revisar a quién admiramos.
Porque entre el trepa que se apunta los méritos y el indolente que esquiva el esfuerzo, suele haber una tercera persona haciendo posible que ambos sigan cobrando a final de mes.
Y esa persona, precisamente esa, es la que casi nunca sale en la foto.
Feliz semana
Not created with IA
#Trabajo #Liderazgo #Equipos #Empresas #Management #Trainspotting
#opentowork
El indolente. Especialistas en la nada productiva. Llegan cansados, trabajan cansados y se marchan agotados después de haber evitado el marron con la elegancia de un torero retirándose del ruedo. Felices en reuniones, cafés, pausas estratégicas y explicaciones sobre por qué algo no puede hacerse. Lo fascinante es que siempre parecen ocupadísimos, nadie sabe exactamente en qué, pero ocupados hasta niveles dramáticos.
Y luego, Los invisibles, aparecen cuando algo falla. Los que se quedan cuando todos se van. Los que llaman al cliente, solucionan el error, cargan con el marrón y hacen el trabajo incómodo, aburrido y poco glamuroso que permite que todo siga funcionando.
Curiosamente, esos casi nunca aparecen en las fotos de los éxitos.
No suelen publicar lecciones de liderazgo. No convierten cada decisión en una epopeya empresarial. No relatan una llamada de cinco minutos como si hubieran negociado la paz mundial.Simplemente hacen su trabajo.
Y aquí llega la parte interesante.
Nos encanta criticar a los trepas. Nos desesperan los indolentes. Pero ignoramos a los invisibles con una disciplina admirable. Quizá porque reconocerlos nos obligaría a aceptar una verdad bastante incómoda y es que la mayoría de las organizaciones no se sostienen gracias a sus estrellas, a sus gurús ni a sus expertos en LinkedIn.
Se sostienen gracias a personas que hacen lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo.No necesitan premio, ni felicitación pública ni una publicación llena de aplausos.
Lo más irónico es que, después de años resolviendo problemas y manteniendo el barco a flote, acabamos definiéndolos con una frase aparentemente inocente "Es que cumple con su trabajo." Como si cumplir de verdad fuera lo normal.
Quizá deberíamos revisar a quién admiramos.
Porque entre el trepa que se apunta los méritos y el indolente que esquiva el esfuerzo, suele haber una tercera persona haciendo posible que ambos sigan cobrando a final de mes.
Y esa persona, precisamente esa, es la que casi nunca sale en la foto.
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